Reflexiones metafísicas
No sabes lo que quieres porque no experimentas
Comprende por qué experimentar, cometer errores y reconocer lo que no queremos son pasos esenciales para descubrir nuestro propósito.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
Una de las tareas más difíciles de la vida es descubrir qué es lo que realmente nos motiva, qué despierta nuestro entusiasmo y funciona como motor. No siempre encontramos esa respuesta rápidamente. A veces necesitamos toda una vida o incluso varias vidas para entender lo que nos mueve.
Dos miedos nos alejan de este descubrimiento: el miedo a equivocarnos y el miedo a experimentar. Cuando creemos que todo intento debe tener éxito, dejamos de explorar caminos, de conocer posibilidades y de descubrir cómo reaccionamos ante diferentes experiencias que podrían revelar algo importante sobre nosotros.
No nacimos con un manual de instrucciones. Dado que comprendernos a nosotros mismos es una de las tareas más difíciles que existen, debemos experimentar. Sólo la experiencia revela lo que nos ilusiona, lo que no nos conviene y el camino que queremos seguir.
Descubrir qué nos motiva puede llevar varias vidas
Lo más difícil en la vida es descubrir qué nos apasiona, en el sentido de qué nos mueve profundamente. Podemos pasar mucho tiempo siguiendo caminos elegidos por la familia, la sociedad o las circunstancias sin saber qué es lo que realmente despierta nuestras ganas de vivir y actúa como nuestro motor.
En este proceso aparece la figura del Alquimista, presentada como la primera carta del tarot. El alquimista experimenta, mezcla elementos, observa los resultados y aprende de cada combinación. No se queda quieto esperando recibir una respuesta ya elaborada antes de comenzar su trabajo.
A veces una sola vida no es suficiente para descubrir lo que nos motiva. Podemos necesitar varias experiencias e incluso varias encarnaciones para reconocer los patrones que producen sufrimiento y encontrar una forma diferente de vivir, elegir y relacionarnos con lo que aparece en nuestro camino.
La vida es un gran laboratorio alquímico
La vida funciona como un laboratorio alquímico porque continuamente estamos mezclando elecciones, relaciones, comportamientos y caminos. Algunas combinaciones producen resultados interesantes. Otras demuestran que esa fórmula no nos funciona y hay que abandonarla o modificarla antes de un nuevo intento.
Mezclar A con B no siempre funcionará. Esto no significa que el experimento fuera inútil. Cuando una fórmula falla, descubrimos que ese camino no conduce al resultado esperado y recibimos información que no habríamos tenido sin intentarlo y sin la experiencia concreta del error.
El problema comienza cuando esperamos hacerlo bien antes incluso de intentarlo. Queremos estar absolutamente seguros de que una profesión, una relación o un proyecto funcionará. Al no existir esta garantía, nos quedamos paralizados y seguimos sin descubrir qué queremos ni qué posibilidades nos convienen.
El error se vuelve sagrado
Todo proceso de aprendizaje ocurre a través del error. Es al equivocarnos que nos damos cuenta de que un determinado camino no funciona, que es necesario modificar una fórmula o que una elección produce consecuencias diferentes a las que imaginamos cuando decidimos iniciar esa experiencia.
Por tanto, el error puede considerarse sagrado. Deja de ser sólo un fracaso y se convierte en una parte necesaria del aprendizaje. Sin equivocarnos, seguiríamos repitiendo caminos sin comprender los resultados que producen nuestras acciones y sin reconocer la necesidad de modificar nuestra forma de actuar.
Los mentores no nos juzgan por cada error que cometemos porque saben que todavía estamos aprendiendo. Entienden que debemos probar diferentes caminos hasta reconocer qué opciones aumentan el sufrimiento y cuáles nos acercan a una vida más consciente, equilibrada y coherente con lo aprendido.
Incluso las sombras pueden enseñar
Una persona puede pasarse dos vidas siendo egoísta e intentando conseguirlo todo de la misma manera. Durante estas experiencias, atrae conflictos y sufrimiento, pero aún no percibe claramente la relación entre su comportamiento, las elecciones que repite y los resultados que recibe.
En la tercera vida, puede que llegue con otra propuesta. Tras repetir el mismo patrón y observar sus consecuencias, decide intentar ser menos egoísta. La sombra acabó enseñando porque mostraba, a través de la experiencia, adónde conducía ese comportamiento y cuánto sufrimiento añadía a la propia vida.
Esto no hace que el egoísmo sea algo que debamos alimentar. Simplemente significa que incluso una experiencia dolorosa puede producir aprendizaje cuando somos capaces de darnos cuenta de lo que revela sobre nuestras elecciones, nuestros patrones y los caminos que no queremos seguir repitiendo.
Quienes tienen miedo de cometer errores también tienen miedo de experimentar
El miedo a cometer errores no sólo nos protege de las malas experiencias. También nos impide encontrar lo que podría tener sentido. Cuando evitamos todos los intentos, permanecemos aparentemente seguros, pero seguimos sin conocer nuestras propias posibilidades y sin descubrir lo que realmente nos motiva.
Si una persona no experimenta, no descubre lo que quiere. Puede imaginar diferentes vidas, profesiones y caminos, pero seguirá trabajando sólo con ideas. La experiencia concreta muestra detalles, dificultades y alegrías que la imaginación no puede anticipar cuando observamos una posibilidad sólo desde lejos.
No necesitamos convertir cada curiosidad en una decisión definitiva. Podemos crear experimentos más pequeños, observar cómo nos sentimos y aprender antes de asumir compromisos más importantes. Experimentar no significa abandonar toda prudencia, sino dejar que la realidad nos enseñe lo que no podríamos descubrir con sólo pensar.
Antes de estudiar veterinaria, prueba cuidar animales
Una persona puede creer que su propósito es ejercer la medicina veterinaria porque le gustan los animales. En lugar de ir inmediatamente a la universidad, puede involucrarse con una ONG y conocer de cerca la rutina de cuidado de las mascotas, participando en las responsabilidades que forman parte de esta actividad.
Podría ofrecerse como voluntaria algunas horas durante el fin de semana o los sábados y permanecer en esa experiencia durante tres o seis meses. Este tiempo le permitirá observar no sólo la parte idealizada, sino también las dificultades, exigencias y la realidad cotidiana del trabajo con animales.
Después de esta experiencia, es posible que se dé cuenta de que realmente ha encontrado su fuerza motriz. En este caso, podrá comenzar la universidad con mayor claridad. También puede descubrir que no le gusta esa rutina. Esto no representa una derrota, sino una respuesta obtenida a través de la experiencia y un camino que ya no tiene por qué ser una duda.
Sólo sabemos que nos gusta después de probarlo
¿Cómo sé que me gusta la sandía? Porque un día probé la sandía y me gustó. Si simplemente mirara la fruta y decidiera que es mala, seguiría sin saber si realmente me gusta o no, basando mi elección únicamente en una conclusión creada antes de la experiencia.
Hacemos esto con muchas áreas de la vida. Observamos una actividad desde lejos, nos hacemos una idea sobre ella y decidimos si nos conviene sin ni siquiera experimentarla. Entonces decimos que no sabemos lo que queremos, aunque no hayamos creado oportunidades concretas para descubrirlo.
Como nadie nace con un manual de instrucciones, lo único que podemos hacer es experimentar. No podemos entender completamente quiénes somos con sólo pensar. Necesitamos observar cómo reaccionamos cuando entramos en contacto con diferentes caminos, entornos y posibilidades que antes sólo existían en nuestra imaginación.
Saber lo que no queremos también es una respuesta
Quizás una persona estudia una carrera durante cuatro años y descubre que no quiere trabajar en ese campo. El miedo a cometer errores puede llevarla a continuar simplemente porque ya ha invertido mucho tiempo en la carrera y cree que abandonar el camino convertiría todo ese período en una pérdida.
Sin embargo, mantenerse en una dirección que no tiene sentido no recupera esos cuatro años. Simplemente añade más años a una experiencia que ya ha demostrado no corresponder a lo que la persona desea. Si no le gustó, puede reconocer el resultado, aceptar el aprendizaje y seguir adelante.
Puede que todavía no sepa exactamente lo que quiere, pero ya sabe lo que no quiere. Esto representa una posibilidad menos, un problema menos e información importante sobre sí misma. El intento produjo conocimiento, incluso sin arrojar el resultado inicialmente esperado.
Ya lo hemos perdido todo
Hay una idea profunda que es necesario entender: ya lo hemos perdido todo. La muerte puede ocurrir en el próximo minuto, dentro de un año o dentro de varias décadas. Independientemente del momento, todo lo que tenemos quedará atrás y ninguna seguridad material cambiará esta realidad.
Por tanto, somos seres que no tenemos nada que perder. Lo único que realmente podemos perder es el tiempo que podríamos haber utilizado para experimentar, descubrir nuevos caminos y ampliar nuestra comprensión de la vida, de nuestras elecciones y de lo que despierta nuestra voluntad.
Cuando el miedo nos impide intentarlo, el tiempo sigue pasando. Evitamos el posible error, pero también perdemos la experiencia que podría revelarnos una nueva motivación, una nueva habilidad o una dirección más cercana a lo que buscamos y aún no hemos podido definir.
Aquí solo tenemos experiencias que ganar
Cuando cerramos los ojos y recordamos todo lo vivido, nos encontramos con una inmensa cantidad de experiencias. Algunas fueron alegres, otras dolorosas, pero todas son parte de lo que construimos y entendimos durante esta vida y de la conciencia que se formó a través de estos eventos.
No necesitamos clasificar cada recuerdo simplemente como bueno o malo. Los momentos difíciles también produjeron aprendizajes, mostraron límites y cambiaron nuestra forma de ver la realidad. La experiencia sigue siendo parte de la conciencia, incluso cuando lo vivido ha terminado y no se puede recuperar.
Si esta vida por sí sola contiene tantos recuerdos, podemos imaginar la cantidad de experiencias acumuladas a lo largo de millones de vidas. Eso es lo que tenemos que ganar aquí: experiencias que amplíen nuestro entendimiento y nos ayuden a descubrir quiénes somos y qué nos mueve realmente.
El propósito aparece a medida que experimentamos
Difícilmente descubriremos nuestro propósito si tenemos miedo de nuevos caminos y nuevas perspectivas. Sin experimentar, terminamos aferrándonos a lo primero que aparece, no porque nos motive, sino porque tenemos miedo de abandonar lo que ya sabemos y reconocer que una elección no funcionó.
No es necesario que el propósito aparezca como una revelación completa antes de la acción. Se puede descubrir poco a poco, a medida que probamos posibilidades, reconocemos errores y nos damos cuenta de qué experiencias despiertan nuestra fuerza interior. Cada intento añade información que antes no teníamos.
Quizás una experiencia no muestre de inmediato lo que queremos. Aun así, puede revelar lo que no queremos. Cada respuesta reduce el número de caminos desconocidos y nos acerca a lo que realmente funciona como nuestro motor, siempre y cuando no tengamos miedo de seguir experimentando.
Preguntas frecuentes
Porque no nacemos con un manual de instrucciones y entendernos a nosotros mismos es una tarea compleja. Necesitamos probar diferentes posibilidades para entender qué es lo que realmente nos motiva.
Porque el error revela que cierta fórmula o camino no funciona. Produce aprendizajes que difícilmente obtendríamos sólo pensando o intentando evitar todos los fracasos.
Podemos buscar una experiencia pequeña y concreta. Cualquiera que esté pensando en convertirse en veterinario, por ejemplo, puede colaborar durante unos meses con una ONG animalista antes de empezar la universidad.
No. El período vivido demostró que ese camino no corresponde a lo que la persona quiere. Saber lo que no queremos también representa conocimiento e impide dedicar más tiempo en la misma dirección.
El propósito puede surgir durante la experimentación. Al probar nuevos caminos, observar resultados y aprender de los errores, poco a poco vamos reconociendo lo que nos motiva y nos sirve como fuerza motriz.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.