Reflexiones metafísicas
Los 3 niveles de protección espiritual
Descubre los tres niveles de protección espiritual y comprende el papel de los amuletos, los escudos mentales y la intención durante la expansión de la conciencia.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
La protección espiritual pasa por diferentes niveles durante la expansión de la conciencia. En el primero utilizamos objetos materiales. En el segundo creamos escudos, símbolos y rituales mentales. En el tercero, entendemos que la verdadera protección proviene de la certeza absoluta de que llevamos lo Divino dentro de nosotros.
En este artículo entenderemos por qué los cristales, amuletos y rituales son importantes al principio, cómo estos instrumentos entrenan nuestra intención y por qué algunas personas permanecen estancadas en ellos durante mucho tiempo. También veremos la diferencia entre la confianza verdadera y la certeza imaginada.
Continúa leyendo para identificar en qué nivel de protección te encuentras y comprender por qué no debemos abandonar los instrumentos antes de desarrollar una intención realmente firme. El objetivo no es despreciar los objetos, sino comprender la función que cumplen en el camino.
La protección acompaña a la expansión de la conciencia
Hay varias etapas en la expansión de la conciencia. No me gusta utilizar el término desarrollo espiritual porque puede dar la impresión de que alguien no está desarrollado. Lo que cambia es la forma en que la persona reconoce y utiliza el poder que ya existe dentro de ella.
Al principio necesitamos instrumentos porque todavía no nos creemos capaces de crear nuestra propia protección. Utilizamos un cristal, un amuleto, un escudo o cualquier otro objeto que represente seguridad. La cuestión principal no está en el objeto, sino en la creencia que depositamos en él.
A medida que esta creencia se fortalece, pasamos de un nivel a otro. Primero confiamos en los objetos materiales. Entonces confiamos en los objetos creados por la mente. Finalmente entendemos que no necesitamos ninguno de los dos cuando accedemos a nuestra parte divina con absoluta certeza.
Primer nivel: objetos materiales
En el primer nivel de protección espiritual utilizamos objetos materiales. Cristales, amuletos, cartas del tarot, instrumentos de radiestesia y otros elementos ayudan a dirigir nuestra intención hacia un propósito concreto.
Este camino también aparece en las escuelas de magia iniciática. Al principio, el practicante aprende a trabajar con diferentes objetos porque ayudan a organizar la atención y entrenar la creencia en la propia capacidad. La persona todavía piensa que necesita el instrumento, pero ya está empezando a ejercer el poder que existe en su interior.
El objeto funciona como soporte. Cuando sostenemos un cristal o usamos un amuleto, enfocamos nuestra intención en ese elemento y creemos que nos brinda protección. Poco a poco, este proceso nos enseña a sostener un deseo y creer que somos capaces de lograrlo.
Algunas personas, sin embargo, permanecen apegadas a objetos durante varias vidas. Siguen creyendo que el poder está en el cristal, el amuleto o el instrumento, sin darse cuenta de que el objeto sólo ayudó a entrenar una fuerza que siempre perteneció a su propia conciencia.
Segundo nivel: objetos mentales
Llega un momento en el que una persona se da cuenta de que ya no necesita el objeto material para protegerse. Abandona el amuleto, pero comienza a crear rituales, escudos, símbolos y mentalizaciones.
Este es el segundo nivel. La persona ya no depende de algo que pueda tocar, pero aún necesita construir una representación mental de protección. Imagina escudos alrededor de su cuerpo, dibuja símbolos mágicos, usa pentagramas o coloca signos de protección en las puertas.
Estos elementos siguen siendo objetos. La diferencia es que ahora son objetos mentales. El hecho de que no podamos tocarlos no significa que dejen de ser construcciones utilizadas para respaldar nuestras creencias.
En esta etapa la persona aún no tiene la fuerza suficiente para comprender que lleva a Dios dentro de sí y que con eso es suficiente. Ella cree en el ritual y el símbolo porque aún no puede acceder a su parte divina con la certeza necesaria para abandonar todas estas representaciones.
Tercer nivel: certeza de lo Divino
En el tercer nivel, la persona comprende que no necesita ningún objeto material ni mental. Reconoce que es una manifestación de la Divinidad misma y que su intención, cuando es absoluta, es suficiente para establecer protección.
En esta etapa no existe ningún amuleto, escudo o ritual. La persona simplemente afirma que no pasará nada y está completamente segura de lo que dice. La protección queda establecida porque no hay duda en su interior.
Sin embargo, no estamos hablando de la declaración inocente de alguien que desconoce el peligro. Tampoco es la confianza del ingenuo que se cree protegido sólo por repetir algunas palabras. Es una certeza mágica, respaldada por una intención que no deja lugar a dudas.
Llegar a ese nivel es muy difícil. Podemos decir que creemos, pero aún cargamos con un poco de inseguridad escondida. Mientras exista esta inseguridad, nuestra intención no será completa.
Un escudo también puede indicar que hay un ataque
Cuando creamos un símbolo de protección para defendernos, estamos afirmando que hay algo intentando atacarnos. Al creer en el ataque, abrimos nuestras frecuencias vibratorias a la posibilidad de que algo realmente nos alcance.
El escudo ofrece seguridad, pero también puede mantener la creencia en la amenaza. Si necesitamos construir una barrera es porque creemos que hay alguna fuerza del otro lado intentando cruzarla.
En el tercer nivel, esta lógica cambia. La persona no necesita crear una barrera porque está segura de que no pasará nada. No alimenta la posibilidad del ataque y, por tanto, no abre sus frecuencias a esa experiencia.
Esto no significa que debamos abandonar inmediatamente todas las formas de protección. Si todavía sentimos miedo y dudas, decir que no necesitamos nada no transforma automáticamente nuestra intención. En este caso, el escudo y el amuleto siguen teniendo una función durante el entrenamiento.
La intención requiere cien por ciento de certeza
La intención es uno de los conceptos más difíciles de enseñar en la magia, el ocultismo y la cocreación. No funciona con un 99,9% de certeza. Si hay un 0,1% de duda, todavía no hemos logrado la intención absoluta.
Podemos repetir muchas veces que somos lo Divino y que no pasará nada. Sin embargo, repetir una frase no significa estar seguro. La mente puede decir una cosa mientras el miedo permanece oculto dentro de nosotros.
Cuando la certeza es total, no hay discusión interna. La persona no necesita convencerse ni repetir constantemente que está protegida. Ella lo sabe. Para ella, la posibilidad de que algo suceda simplemente no encuentra espacio.
Por tanto, no debemos confundir deseo con intención. Querer creer no es lo mismo que creer. La verdadera intención aparece cuando todo nuestro ser se integra con lo que afirmamos.
Buda cruzó el campo de batalla
Hay un pasaje en el que Buda atraviesa un campo de batalla mientras flechas y espadas pasan a su alrededor. Los discípulos miran desde lejos, creyendo que morirá. Sin embargo, Buda atraviesa todo el campo y no le sucede nada.
Estaba absolutamente seguro de que no pasaría nada. Sin embargo, ese Buda no apareció de la noche a la mañana. El resultado visto en esa vida fue construido durante varias vidas anteriores.
Mucho antes de ese momento, también empezó a utilizar objetos. En otras experiencias desarrolló su intención, abandonó los instrumentos materiales y avanzó por los diferentes niveles de conciencia. Lo que se convirtió en leyenda fue el resultado final de un larguísimo viaje.
A menudo miramos este resultado y decimos: "Entonces yo también seré un Buda". Queremos repetir la acción final sin pasar por el proceso que produjo esa certeza. Este es uno de los grandes peligros de la magia.
La certeza imaginada puede poner en riesgo la vida
En la década de 1970, un hombre que practicaba la espiritualidad creía haber alcanzado el mismo nivel que Buda. Reunió a sus discípulos en una concurrida avenida de São Paulo y decidió cruzarla con los ojos cerrados, diciendo que no pasaría nada.
Nada más entrar a la avenida fue atropellado por un autobús. Creía poseer una certeza absoluta, pero su experiencia le demostró que todavía había una diferencia entre imaginar que había alcanzado ese estado y poseerlo realmente.
Este es el gran problema de la magia, el ocultismo y la cocreación misma. A veces creemos estar cien por ciento seguros, pero todavía queda una pequeña duda o una comprensión incompleta. En ese momento, el 0,1% que ignoramos puede producir una consecuencia real.
No necesitamos demostrar nuestra evolución poniendo en riesgo nuestras vidas. La verdadera intención no nace de la imprudencia o de la necesidad de demostrar poder a otras personas. Hasta llegar a la total certeza seguimos utilizando los instrumentos que nos ayudan a entrenar.
Los instrumentos permanecen mientras sean necesarios
Los cristales, amuletos, rituales, escudos y símbolos no necesitan ser tratados como errores. Pertenecen a diferentes etapas de la expansión de la conciencia y tienen una función mientras aún estamos desarrollando nuestra intención.
El problema aparece cuando nos apegamos al instrumento y creemos que nunca podremos continuar sin él. El objeto debería ayudar a entrenar nuestra creencia, no reemplazar para siempre la confianza en nuestra propia parte divina.
Cada persona necesita reconocer sinceramente el nivel en el que se encuentra. No hay ningún beneficio en abandonar un amuleto sólo para parecer más evolucionado, mientras el miedo continúa dominando la mente. Tampoco hay ningún beneficio en seguir dependiendo del objeto cuando ya entendemos que el poder no está en él.
Mientras nuestra intención no esté completamente desarrollada, podemos seguir utilizando objetos materiales y mentales. Proporcionan una estructura para el entrenamiento. La mayor protección llega cuando ya no necesitamos la estructura porque la certeza de lo Divino se ha vuelto absoluta dentro de nosotros.
Preguntas frecuentes sobre los niveles de protección espiritual
El primer nivel utiliza objetos materiales, como cristales y amuletos. El segundo utiliza objetos mentales, como escudos, símbolos y rituales. En el tercero, la persona reconoce lo Divino dentro de sí y establece protección a través de la intención absoluta.
No. Ayudan a centrar la intención y entrenar la creencia de una persona en su propia capacidad. El problema comienza cuando ella sigue dependiendo del objeto y no puede avanzar a otra etapa.
Sí. Aunque no se puede tocar, el escudo es una construcción mental que se utiliza para representar protección. Pertenece al segundo nivel.
Cuando creamos una barrera, también afirmamos que hay algo intentando cruzarla. Esta creencia puede abrir nuestras frecuencias vibratorias a la posibilidad de un ataque.
Sólo cuando la intención está completamente desarrollada y hay absoluta certeza de que no sucederá nada. Mientras exista miedo o duda, los objetos materiales y mentales aún pueden ayudar con el entrenamiento.
Continúa fortaleciendo tu protección energética
Comprender los tres niveles de protección espiritual ayuda a utilizar cristales, amuletos, escudos y símbolos como instrumentos de entrenamiento, sin olvidar que el camino conduce a fortalecer la intención y la conexión con lo Divino.
En 36 Ejercicios de Protección Energética encontrarás prácticas directas para fortalecer esta percepción y reorganizar tu energía en el día a día.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.