Reflexiones metafísicas

Lo Divino se revela en el silencio

Comprende cómo el silencio mental reduce la charla del ego y abre espacio para percibir la chispa divina en la meditación y las experiencias simples.

Prof. Tibério Z

Por Prof. Tibério Z

Video original en portugués. El artículo está disponible en español.

El ego existe en las palabras, los argumentos y la voz interior que comenta todo lo que sucede. Lo Divino se revela en el silencio, cuando esa voz disminuye y nuestra atención deja de correr entre recuerdos, preocupaciones e hipótesis sobre el futuro.

En este artículo entenderemos por qué el comienzo de la meditación puede resultar tan incómodo, cómo el ego intenta resistirse al silencio y por qué no es necesario luchar contra él. También veremos cómo encontrar momentos de presencia durante actividades simples como cocinar o contemplar la puesta de sol.

Continúa leyendo para comprender cómo unos minutos de silencio pueden transformar nuestra relación con la mente. El ego seguirá cumpliendo su función, pero ya no ocupará todo el espacio donde la chispa divina puede manifestarse.

El ego no para de hablar

Cuando vamos a un rincón y empezamos a meditar, el comienzo puede parecer un infierno. La cabeza no para. Surgen palabras, imágenes, recuerdos, preocupaciones y conversaciones que probablemente nunca sucederán. Esta voz interior pertenece al ego. Existe a través de argumentos y palabras. Necesita explicar, comparar, responder, justificar y predecir lo que podría pasar.

Incluso cuando el cuerpo está quieto, la mente sigue trabajando. Volvemos al pasado, imaginamos el futuro y creamos situaciones que nos dejan angustiados. El silencio parece imposible porque el ego ocupa cada espacio con algún pensamiento. Por tanto, no basta con sentarse y cerrar los ojos. Necesitamos aprender a reconocer esta charla sin seguirla hasta que la mente pueda permanecer en silencio.

Lo Divino existe en ausencia de palabras

El ego existe en las palabras. Lo Divino existe en silencio y ausencia. Cuando la voz interior cesa, no dejamos de existir. Empezamos a darnos cuenta de una parte de nosotros mismos que estaba oculta por el ruido de la mente.

Buda dijo: "Empiezas a ser cuando no eres". Esta frase es muy profunda. Mientras tratamos de sostener todo el tiempo la identidad, los argumentos y las preocupaciones del ego, permanecemos estancados en lo que creemos que somos.

Cuando nos callamos y entramos en el verdadero silencio, este silencio comienza a apoderarse de nuestro ser. Crece, ocupa los espacios que antes ocupaba la charla y nos conduce a una experiencia que no depende de explicaciones.

Cuando todo nuestro ser se vuelve silencio, encontramos la chispa divina. Ella no necesita hablar para existir. Su presencia se percibe precisamente cuando las palabras dejan de ocuparlo todo.

El ego también tiene una función importante

Necesitamos el ego en diferentes momentos del día. Cuando hablo en una clase o en una transmisión, uso mi ego como marco psicológico para organizar mis palabras y presentar lo que quiero enseñar.

Una parte de la chispa divina puede ayudar en este proceso, pero todavía necesito del ego para hablar. También utilizamos esta estructura para trabajar, crear un sitio web, redactar un informe, hablar con otros y resolver cuestiones prácticas.

El problema no está en la existencia del ego. El problema aparece cuando no se queda callado en ningún momento. Después de diez o doce horas de uso, todavía quiere seguir hablando cuando intentamos descansar o meditar.

No necesitamos destruir ni luchar contra el ego. Podemos reconocer que cumplió muy bien su papel y pedir apenas unos minutos de silencio.

El primer paso es aprender a silenciar

La meditación y la atención plena ayudan a enseñar a la mente a estar quieta. Al principio podemos reservar apenas diez minutos al día, buscar un rincón y permanecer en silencio.

Durante estos minutos, no necesitamos resolver problemas ni organizar el futuro. El ego ya ha sido utilizado en el trabajo, en las conversaciones y en todas las tareas del día. Ahora puede descansar un rato.

Podemos decir interiormente: "Ya te he utilizado durante el día. Has hecho tu trabajo. Ahora, durante estos diez minutos, quédate quieto". No hay lucha en esta solicitud. Sólo existe la decisión de crear un espacio para el silencio.

Diez minutos parecen poco, pero al principio puede resultar complicado. El objetivo no es lograr inmediatamente un silencio absoluto. El objetivo es empezar a entrenar.

La resistencia del ego aparece al principio

Cuando intentamos entrar en silencio, el ego presenta imágenes del pasado, preocupaciones por el futuro y diferentes ansiedades. Busca cualquier tema capaz de recuperar nuestra atención e interrumpir el silencio. Esta reacción se llama resistencia del ego. Está acostumbrado a ser utilizado todo el tiempo y no acepta fácilmente perder espacio, aunque sea por unos minutos.

Podemos recordar una vieja discusión, imaginar un problema que aún no ha sucedido o pensar en todo lo que debemos hacer a continuación. Cada pensamiento intenta convencernos de que hay algo más importante que permanecer quietos. No necesitamos discutir con estas imágenes. Tampoco necesitamos averiguar en ese momento por qué apareció cada recuerdo. Simplemente volvemos al silencio y continuamos entrenando.

El silencio es resultado del entrenamiento

Aprender a silenciar es entrenar. Cada vez que la mente comienza a hablar y volvemos a la quietud, fortalecemos nuestra capacidad de no seguir cada pensamiento. Al principio, es posible que pasemos la mayor parte del tiempo siguiendo la charla. Luego hay breves descansos. Con la continuidad, estos intervalos pueden crecer y el silencio comienza a ocupar una mayor parte de la experiencia.

No hay necesidad de luchar contra el ego. Cuanto más entramos en conflicto con él, más palabras y argumentos aparecen. Sólo nos queda reconocer su presencia y pedir nuevamente: “Quédate quieto por un momento”. Después de la práctica, el ego podrá volver a funcionar. Se seguirá utilizando para hablar, decidir y realizar tareas. La diferencia es que ahora sabemos que también hay algo más allá.

Las decisiones más importantes nacen en el silencio

Cuando necesitamos tomar una decisión importante, muchas veces nos metemos en un conflicto mental. Pensamos en ir a la izquierda, luego a la derecha y volver a la primera opción.

La mente empieza a calcular como si estuviera ante un tablero de ajedrez con millones de hipótesis. Cuantas más posibilidades aparecen, mayor es la confusión. En este estado, podemos tomar una mala decisión porque ya no podemos ver con claridad.

El silencio ofrece otro camino. En lugar de seguir pensando en el mismo tema, podemos guardar un profundo silencio y dejar el tema de lado por unos momentos.

Cuando salimos de este estado y utilizamos nuevamente el ego, la solución puede aparecer de forma natural. La Divinidad conoce todas las soluciones, pero sólo podemos percibir esta guía cuando la charla deja algo de espacio.

La meditación deja espacio para lo Divino

La meditación es la base de las tradiciones orientales porque conduce al silencio mental. Mientras la mente habla sin parar, no podemos alcanzar la parte divina que existe dentro de nosotros. Lo Divino no está muy lejos, en algún lugar del cielo o esperando a la vuelta de la esquina. Él está aquí. Es parte de quiénes somos junto con el ego durante esta vida en la tercera dimensión.

No necesitamos abandonar el ego para encontrar lo Divino. Sólo tenemos que dejarlo reposar un rato. Cuando el ruido disminuye, lo que siempre ha estado presente comienza a irradiar. Por lo tanto, la meditación no añade lo Divino a nuestro ser. Elimina temporalmente el ruido que impide nuestra percepción.

El silencio también puede aparecer durante una actividad

No siempre necesitamos estar sentados con los ojos cerrados para lograr el silencio mental. Algunas personas encuentran este estado mientras cocinan porque están completamente presentes en lo que están haciendo.

Cualquiera que sea un apasionado de la cocina puede centrar toda su atención en preparar un pastel. Observa los ingredientes, los movimientos de las manos, los cambios de la masa y cada paso de la receta. En ese momento, el ego no encuentra espacio para seguir parloteando.

La persona se siente plena porque su atención está centrada en esa actividad. La porción divina puede irradiar porque la mente ha dejado de correr entre el pasado y el futuro. Lo mismo puede ocurrir en otras experiencias capaces de absorber por completo nuestra atención. El elemento principal no es la actividad elegida, sino la presencia que silencia el comentario constante del ego.

Lo Divino está en experiencias simples

Lo Divino se puede percibir en el atardecer, en el agua de coco que bebemos cuando tenemos sed, en el abrazo de un hijo, en el abrazo de quien amamos o en la sonrisa de una persona importante.

“Levanta la piedra y allí estaré”. Lo Divino está en todas partes, pero necesitamos estar presentes para percibirlo. Cuando el ego comenta, juzga y compara todo, pasamos por la experiencia sin llegar a vivirla.

Podemos mirar el atardecer y dejar que nos absorba. Durante unos minutos, no hay informe, cita o tarea. Sólo existe el encuentro con lo que está ante nosotros. En ese momento, el ego puede recordar que hay documentos que entregar en media hora. Podríamos responder: "Quédate quieto. Ahora miremos la puesta de sol".

No necesitamos luchar con nuestro ego

El ego no es un enemigo. Tiene una función importante en esta vida y seguirá siendo necesario en muchos momentos. Lo que necesitamos aprender es cuándo usarlo y cuándo dejarlo reposar. No es necesario expulsarlo ni entrar en conflicto. Podemos simplemente decir: "Trabajaste muy bien hoy. Ahora guarda silencio por unos minutos. Luego puedes volver con tu letanía".

Cuando la mente se calla, dejamos de alimentar argumentos y percibimos una presencia que no depende de las palabras. El silencio comienza a ocupar nuestro ser y encontramos la chispa divina. Aquí es donde lo Divino se revela. No en una explicación lejana, sino en el espacio que aparece cuando el ego finalmente se calma.

Preguntas frecuentes sobre lo Divino y el silencio

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Prof. Tibério Z

Sobre el autor

El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.