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Clase 45 - El principio del mentalismo: todo es mente
Comprende por qué todo es mente, cómo la conciencia se individualiza mediante el ego y por qué la verdadera cocreación ocurre por medio de lo Divino.
Por Prof. Tibério Z
Video original en portugués. El artículo está disponible en español.
El principio del mentalismo enseña que todo es mente y que el universo entero existe dentro de la mente de Dios. Las personas, los objetos, los planetas y las dimensiones son formas asumidas por una única energía divina. Parecemos separados porque el ego crea identidades diferentes, pero nada existe fuera del Creador.
En este artículo entenderemos cómo se puede observar la materia como energía, por qué las dimensiones difieren según la frecuencia y cómo la conciencia se manifiesta en muchos cuerpos al mismo tiempo. También veremos la función del ego, la paradoja del existir y no existir y la relación entre mentalismo, magia y cocreación.
Continúa leyendo para seguir este razonamiento paso a paso. El mentalismo no sólo enseña que el pensamiento tiene fuerza. Muestra quién realmente crea, por qué el ego no puede ocupar este lugar y qué debe suceder para que accedamos a nuestra parte divina.
El principio del mentalismo enseña que todo es mente
El principio del mentalismo se puede resumir en una frase: el todo es mente y el universo es mental. Esto significa que no existe una realidad separada de Dios. No hay ninguna persona a un lado, una mesa al otro y Dios en algún lugar lejano.
Sólo existe Dios. Todo lo que llamamos persona, objeto, planeta o dimensión es una forma creada dentro de esta única mente. Las formas parecen independientes, pero siguen siendo parte de un mismo ser.
Esta idea puede parecer abstracta al principio. Por tanto, debemos seguir el camino de la materia a la energía y observar lo que encontramos cuando profundizamos en nuestra visión de lo que parece sólido.
De la materia llegamos a un único campo energético
Imaginemos que colocamos una mano bajo un microscopio y empezamos a ampliar su estructura. Primero encontramos las células. En su interior encontramos átomos, y dentro de los átomos aparecen protones, electrones y neutrones.
Si continuamos, llegaremos a los quarks y luego a las supercuerdas. Las supercuerdas son vibraciones de cuerdas energéticas. Profundizando aún más, llegamos a un gran campo energético, también llamado vacío cuántico, energía final o energía única.
Lo que parecía una mano sólida termina en energía. Lo mismo ocurre con la silla, la pared, el suelo y el oxígeno que hay a nuestro alrededor. Todo está formado por la misma base energética.
Por tanto, la separación que vemos no existe en el nivel más profundo. Las formas están individualizadas, pero forman parte de una única masa de energía.
Las dimensiones difieren según la vibración
Todo está compuesto de átomos en todas las dimensiones. Lo que cambia de una dimensión a otra es la frecuencia a la que vibran estos átomos.
En la tercera dimensión, la vibración forma la realidad material que conocemos. En la cuarta dimensión, otra frecuencia produce una realidad diferente. Lo mismo sucede en la quinta, sexta y todas las demás dimensiones.
Todavía no tenemos números capaces de mostrar qué vibración forma cada dimensión. Conocemos el concepto, pero no dominamos su medición. Aun así, la idea central sigue siendo simple: cuando la frecuencia cambia, la realidad percibida también cambia.
Las dimensiones no están separadas de la energía única. Son diferentes formas de organizarse y manifestarse esta misma energía.
Solo hay un ser
Si yo estoy formado por átomos, el aire también está formado por átomos y todo lo que me rodea tiene la misma base, entonces existe una única gran masa energética. Esta masa se manifiesta en la tercera dimensión y continúa en la cuarta, quinta, sexta y todas las demás.
Este ser único es Dios. Nada existe fuera de él, lejos de él, encima o debajo de él. No hay un punto en el que Dios comienza y otro en el que termina.
Dios crea las leyes, pero no está sujeto a ninguna de ellas. Crea seres y permite que cada uno parezca individual, pero ningún ser deja de ser parte de él.
Todo sigue siendo Dios. La forma cambia, la frecuencia cambia y la experiencia cambia. El origen sigue siendo el mismo.
Somos partes individualizadas de Dios
Entonces, ¿soy Dios? Sí. Somos partes de Dios individualizadas a través de un ego. Somos como chispas que pertenecen al mismo fuego, pero no poseemos todo el conocimiento del fuego.
Para tener un conocimiento completo de Dios necesitaríamos ser al mismo tiempo cada persona, cada objeto, cada dimensión y cada experiencia que existe. Una conciencia individual recibe sólo una parte de este conocimiento.
El ego permite que esta porción divina tenga un nombre, una historia y una experiencia propia. Yo vivo como Tibério, tú vives tu vida y otra conciencia vive una realidad diferente. La individualización cambia el punto de observación, pero no rompe nuestra conexión con el todo.
Aquí es donde el mentalismo se profundiza. Todo lo que fue creado nació dentro de la mente del Creador. Somos pensamientos divinos capaces de vivir y devolver experiencias a la propia conciencia que nos creó.
El pensamiento es una frecuencia de energía
¿Qué se proyecta durante una proyección astral? La mente, la conciencia. El cuerpo físico será destruido, el cuerpo astral también podrá dejar de existir y lo mismo sucederá con otros cuerpos dimensionales. La conciencia permanece porque es mental.
Ahora piensa en una manzana. La imagen aparece en el campo mental, pero físicamente el cerebro funciona con sinapsis e impulsos eléctricos. Lo que vemos mentalmente también tiene una frecuencia energética.
Transmitir un vídeo te ayuda a comprender. Mi imagen entra a la cámara, se transforma en impulsos eléctricos, pasa por la computadora y continúa hacia otro dispositivo. El celular o la computadora recibe estos impulsos, los transcodifica y presenta nuevamente una imagen.
El pensamiento también es energía que adquiere una forma reconocible. Yo, tú, la mesa y la silla somos pensamientos divinos traducidos en frecuencias energéticas.
El universo es el sueño de Dios
Los indios llaman a esta realidad el sueño de Shiva. Shiva duerme y sueña con personas, objetos, dimensiones, planetas y todos los seres que existen.
Todo está dentro de este sueño porque todo está dentro de la mente de Dios. El pensamiento es energía y el universo es la energía del pensamiento divino que adopta infinitas formas.
Imagina que Dios permaneciera como una sola masa, sin crear nada. Tendría todas las posibilidades dentro de sí mismo, pero no podría observarlas a través de diferentes experiencias.
Por eso sueña. Cada ser, cada forma y cada encuentro permite experimentar una nueva posibilidad de Dios dentro de la propia mente divina.
La individualización crea infinitas experiencias
Podemos imaginar las consciencias como tentáculos de energía que provienen de un mismo origen. Estos tentáculos adquieren identidades diferentes y comienzan a interactuar entre sí.
Si todo fuera Tibério, la cámara fuera Tibério y toda la gente fuera también Tibério, sólo habría una experiencia repetida. Para crear infinitas experiencias, Dios crea infinitas formas y infinitos egos.
Cada ego observa la realidad desde un lugar diferente. Un encuentro produce una percepción, una elección abre otro camino y cada respuesta añade una nueva experiencia al conjunto.
Dios se recrea dentro de sí mismo en cada momento. Es una gran danza de energía en la que las partes parecen separadas, interactúan y devuelven nueva información a una misma consciencia.
La conciencia atraviesa todas las dimensiones
Imaginemos una partícula divina en una dimensión muy elevada. Cuando su energía se manifiesta en una dimensión inferior, hay una reducción en la frecuencia y también una reducción en el potencial de conciencia.
Este proceso continúa hacia la tercera dimensión. La energía se condensa y crea la sensación de materia sólida. La conciencia se conecta con el cuerpo físico y comienza a recibir información de esta realidad.
Esto no significa que haya salido de una dimensión y abandonado las demás. La misma conciencia sigue presente en todas ellas al mismo tiempo. Recibe información de diferentes cuerpos dimensionales mientras mantiene parte de su atención en la experiencia física.
Podemos comparar esta conexión con un gran cable de Internet. Cada dimensión se conecta al mismo cable a través de un cuerpo diferente. La tercera dimensión es sólo un punto en esta red infinita.
El ego crea la sensación de separación
El ego es individualización. Crea la sensación de que somos seres separados, que no pertenecemos al todo y que nuestra identidad comienza y termina en este cuerpo.
Esta separación nos permite vivir una experiencia única, pero también esconde la conexión divina. Cuando el ego habla todo el tiempo, sólo escuchamos sus miedos, deseos, comparaciones y necesidades.
En estados profundos de meditación, trance o prácticas mágicas, el ego puede volverse silencioso. Cuando esto sucede, volvemos a sentir el cable de energía que nos conecta con la conciencia divina.
En este estado, no pensamos que somos parte de todo. Lo sentimos. La experiencia de unidad aparece antes que cualquier explicación.
Dios se puede sentir, pero no explicar
No podemos afirmar qué es Dios. Podemos reflexionar, crear comparaciones y observar lo que se manifiesta en el universo, pero nuestra conciencia tridimensional no tiene la capacidad de comprender al Creador en su totalidad.
Ya he tenido contacto con maestros que tienen una gran expansión de conciencia. Tampoco saben qué es Dios. Una criatura individualizada puede saber mucho, pero sigue observando sólo una parte del todo.
Podemos sentir a Dios cuando el ego guarda silencio y nos conectamos con el flujo divino. Sin embargo, cuando alguien pregunta qué sentimos, las palabras fallan. La experiencia es demasiado amplia para encajar en el lenguaje.
Lo que podemos observar es el sueño de Dios. La naturaleza, el atardecer y el abrazo de alguien a quien amamos revelan partes de este sueño. Es posible que sepamos un poco sobre la creación, pero nunca comprendamos completamente al soñador.
Existimos y no existimos
El hermetismo trabaja con la paradoja. El taoísmo también. Algo puede ser y no ser al mismo tiempo, según el punto desde donde se observe.
¿Cómo es esto posible? Para Dios, Tibério, tú, la mesa y la silla son formas dentro de un solo sueño. Nada tiene una existencia separada. Para el ego, cada persona y cada objeto tiene una existencia individual.
Un sueño común ayuda a comprender. Mientras dormimos, tocamos objetos, sentimos emociones y creemos que la situación es real. Dentro del sueño, realmente se experimenta como realidad. Cuando despertamos, nos damos cuenta de que todo estaba en la mente.
En el sueño de Dios, somos reales cuando vivimos la experiencia. Al mismo tiempo, somos formas mentales dentro del Creador. Existimos y no existimos. Lo somos y no lo somos.
Esta dualidad será importante para comprender otros principios del hermetismo. Calor y frío, masculino y femenino, existencia y no existencia pueden observarse como partes de una misma realidad.
El mentalismo es la base de la magia
Toda escuela de magia comienza con el mentalismo. Si todo lo que está abajo también está arriba, una pequeña porción de Dios mantiene en sí características de la mente divina.
Creamos a través del pensamiento. Un puente existe primero en la mente de alguien. Lo mismo ocurre con una canción, un cuadro, una obra de teatro, una casa y cualquier objeto producido por el ser humano.
Platón llamó a este origen el mundo de las ideas. La forma aparece primero en la mente y luego pasa a la materia. Incluso con una conciencia reducida en la tercera dimensión, seguimos viviendo en un universo mental.
La manzana existía en la mente del Creador antes de que su energía se condensara y tomara forma física. Nuestro cuerpo también existió como pensamiento divino antes de manifestarse en esta dimensión.
La enseñanza popular sobre la cocreación está incompleta
Muchas escuelas modernas enseñan que podemos crear la realidad a través del pensamiento. El libro El secreto, Joseph Murphy, Napoleon Hill y el mentalismo americano bebieron de la misma fuente hermética.
La idea de que el pensamiento participa en la creación es correcta. El problema aparece cuando sólo recibimos una parte del conocimiento y creemos que basta con desear algo durante mucho tiempo.
Las antiguas escuelas iniciáticas no transmitían todo este conocimiento a cualquiera. La clave era personal y requería conocimiento, estudio y transformación. Sin ella, el rompecabezas quedaba incompleto.
Esta precaución también existía porque el pensamiento puede usarse para influir en otras personas. Un ego inmaduro, impulsado por un deseo de poder y sentimientos egoístas, intentaría manipular la realidad y dañar a los demás.
No es el ego el que crea
La clave del mentalismo es comprender que sólo la mente de Dios crea. Poseemos una parte divina, y es esta parte la que participa en la cocreación.
Una persona puede pasar veinte años visualizando un auto sin poder manifestarlo. Es el ego quien desea el automóvil, y el ego no posee el poder creativo de la mente divina.
Cuando un arquitecto imagina una casa, ¿es su ego el que la crea? No. La idea nace de lo Divino y pasa por la mente del arquitecto hasta tomar forma. Por eso muchas personas terminan un texto o un cuadro y dicen que ni siquiera saben cómo lo lograron.
Las ideas son frecuencias del Creador. El ego puede organizar el trabajo, estudiar la técnica y ejecutar los pasos necesarios, pero el verdadero origen de la creación está en la conciencia divina.
Silenciar el ego es la clave de la seguridad
Para acceder a lo Divino, necesitamos aprender a silenciar y madurar el ego. El hermetismo llama a este proceso convertir el plomo en oro: el ser egoísta, inseguro y manipulador expande su conciencia y deja de regirse por sus instintos básicos.
Esto actúa como una llave de seguridad para el universo. Imagina lo que sucedería si alguien pudiera materializar inmediatamente lo que quisiera. Con el nivel de egoísmo y desequilibrio que aún existe en la humanidad, el planeta estaría destruido.
Cuando intentamos crear a través de la fuerza de nuestro ego, forzamos situaciones y, como resultado, terminamos sufriendo. La cocreación ocurre a través de lo Divino. No es posible permanecer atrapado en el ego y al mismo tiempo utilizar plenamente el poder de la conciencia divina.
¿Quieres crear como Dios? Entonces necesitas acceder a Dios. Y para acceder a Dios, necesitas domar tu ego.
Cuanto mayor es el poder, menores son las ganas de demostrarlo
Los maestros de las escuelas iniciáticas podían realizar lo que llamamos milagros. Algunos pudieron provocar cambios en la materia y la naturaleza a través de la mente. Aun así, no demostraron este poder en público.
¿Por qué? Porque el ego ya no necesitaba recibir aplausos, demostrar fuerza o demostrar que era superior. Cuanto mayor es la conexión con lo Divino, menor es el interés en utilizar el poder para alimentar una identidad.
Lo mismo ocurre con la cocreación. Cuanto más puede crear una persona, menos cosas quiere poseer. Al conectarse con lo Divino, siente que ya participa de todo y no necesita acumular formas para sentirse completa.
Hay seres capaces de materializar objetos a través de la mente. Probablemente nunca sabremos quiénes son. Para alcanzar este nivel, necesitan estar tan conectados con lo Divino que ya no tengan interés en mostrar lo que pueden hacer.
Preguntas frecuentes
El principio del mentalismo enseña que todo es mente y que el universo existe dentro de la mente de Dios. Las personas, los objetos, las dimensiones y las experiencias son manifestaciones de esta única mente divina en diferentes frecuencias.
El ego crea la sensación de individualidad y permite que cada conciencia tenga su propia experiencia. Esta separación es necesaria para producir percepciones diferentes, aunque todos permanezcan vinculados a la misma conciencia divina.
Nuestra conciencia pasa por una gran reducción de energía hasta llegar a la tercera dimensión. Podemos sentir la conexión con Dios cuando el ego está en silencio, pero no tenemos suficiente capacidad de conciencia ni palabras para explicar qué es Dios.
Cada creación comienza como una idea antes de tomar forma. Sin embargo, no es el ego el que tiene el poder de cocrear. La creación ocurre cuando podemos acceder a nuestra parte divina y permitir que esta conciencia se manifieste.
Cuanto más se conecta una persona con lo Divino, menos necesita demostrar fuerza, lograr cosas o recibir reconocimiento. El poder crece mientras el interés egoico por exhibirlo disminuye.
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Sobre el autor
El Prof. Tibério Z tiene más de 30 años de experiencia estudiando y enseñando espiritualidad, metafísica, terapias holísticas y desarrollo de la conciencia.